La Ronda (Montevideo)

26 08 2008

El bueno de V. nos insistió para que incluyéramos Montevideo en nuestra gira argentina. Él vivió varias temporadas en la capital uruguaya y no pudimos visitarle como nos hubiera gustado. Así que nada más llegar a Buenos Aires nos dirigimos al Buquebus, ferry que enlaza con el país vecino, y nos plantamos en territorio charrúa. Desembarcamos en Colonia (dicen que es un pueblo tranquilo e ideal para el verano) y desde allí en bus hasta Montevideo.

Tuvimos la suerte de acertar con el alojamiento, en pleno casco histórico, y no perdimos la oportunidad de conocer algunos lugares que V. nos había recomendado. La Ronda (en la foto) es uno de ellos. Para nuestro amigo, el mejor bar del mundo, donde sirven unos masticables estupendos y aún se disfruta de la música en vinilo. Era lunes por la noche, algo desapacible, pero no tuvimos que caminar demasiado. Prácticamente solos, sin el alboroto que dicen tienen los fines de semana, degustamos una de esas cervezas que se hacen querer. Conversar con Leticia, amiga de V. y la mitad de Carmen Sandiego, fue agradable, musical y sirvió para comenzar a situarnos.

En apenas 24 horas nos hicimos una idea de lo que ofrece Montevideo, de cómo camina su gente, de su tranquilidad… Mis sensaciones son justas, fue muy poco tiempo, pero diría que Uruguay pasa inadvertida muchas veces por su falta de alegría. Es como si todo tuviera un tono gris y tristón.

El desayuno en el Bacacay (junto al bonito Teatro Solís) y la pizza al tacho en el Tasende, ambos recomendados por V., están en la caja de los buenos recuerdos.